Infinitologos, Inteligencia artificial, educación y condición humana II

Después de nuestra charla de hace algunos días con “Nexus”, esta semana seguimos reflexionando sobre la pregunta con la que concluimos la columna anterior: ¿Qué procesos cognitivos, éticos y creativos que nos definen como humanos estamos dispuestos a delegar a la inteligencia artificial? Una pregunta que se debería estar planteando en todos los foros nacionales e internacionales donde se aborde este tema tan importante en los tiempos actuales.

Es importante mencionar, querido(a) lector(a), que el objetivo de estas líneas es explorar los riesgos de la IA desde el punto de vista del desarrollo humano y educativo. Para ello, quiero mencionar una idea sumamente interesante: el desarrollo que ha tenido nuestra especie y su éxito dependen, en gran medida, del desarrollo del cerebro, de su capacidad para aprender y para adaptarse a su entorno. Más de 6 millones de años de evolución han dado origen al diseño actual de nuestro cerebro; sin embargo, esto no es producto de la casualidad. Los desafíos derivados del desarrollo de sociedades complejas han dado origen a una práctica educativa entre los individuos que forman parte de estas, lo que ha aportado al desarrollo de la escritura, lalectura, la filosofía, las matemáticas, las artes, las nociones de tiempo, la memoria y el pensamiento complejo, entre otras disciplinas. Estas derivan de capacidades mentales que han estimulado y siguen favoreciendo, por una parte, el sostenimiento del desarrollo cerebral y, por otra, la potenciación de las capacidades cognitivas y de pensamiento, las cuales no son innatas, sino que se desarrollan durante la vida del individuo por medio de la interacción y la adaptación a su contexto.

 

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Sin embargo, los adelantos y las innovaciones de la IA apuntan directamente a sustituir el ejercicio de estas capacidades creativas y cognitivas; es decir, ahora la “herramienta” piensa, crea y actúa por ti. Esta evolución,sin duda, beneficiaría a muchos sectores desde el punto de vista de la eficiencia y la eficacia en el uso de los recursos. Sin embargo, el gran riesgo radica en que, poco a poco, el ser humano, bajo este “paradigma de comodidad”, está delegando el ejercicio de estas actividades a la IA y, por lo tanto, más pronto que tarde, las capacidades cognitivas humanas empezarán a contraerse y terminarán por atrofiarse.

 

Un ejemplo de lo que vendrá ya lo tenemos a la vista: los resultados de la prueba PISA 2025 reflejaron un desplome promedio de 14 puntos en comprensión lectora y una tendencia al aumento de respuestas rápidas e incorrectas en tareas de lectura. Sin embargo, estos resultados son solo la punta del iceberg de lo que vendrá: generaciones más dependientes de la IA. Una IA que está dejando de ser una herramienta para convertirse en un ente rector del statu quo.

 

Por último, quiero mencionar un tema muy preocupante y que poca gente aborda ante los beneficios abrumadores de la IA: toda esta dependencia, en realidad, está generando un GRAN PODER para las empresas privadas dueñas de la IA. Por lo tanto, es inevitable preguntarse: ¿Cuál es el principal objetivo de estas empresas? 

¿Tener ganancias? ¿Generar desarrollo humano? ¿Desarrollar dependencia? ¿Imponer sesgos que impulsen proyectos de poder? ¿Potenciar el pensamiento humano? ¿Acortar brechas sociales? ¿Disminuir los problemas sociales? ¿Esclavizar el pensamiento humano por medio del disfraz de la comodidad y la eficiencia? Las mejores preguntas y sus respuestas las tienes tú, querido lector, querida lectora.

Con afecto 

 

Servir para Trascender

Miguel Vladimir Rodriguez Aguirre

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